Nunca he creído en el destino, pero sin embargo he creído pocas veces en la casualidad. Me paro un minuto a pensar y caigo en la tentación de crear en mi cabeza todas esas cosas que, si no hubiesen pasado, no habrían provocado que yo estuviese escribiéndote. Extraño, ¿no crees? Toda una cadena de sucesos que provocaron nuestra extraña "coincidencia" en el mismo lugar, aquella extraña noche donde todo era muy diferente.
Si tu curiosidad hubiese sido menor, si yo hubiese perdido el tren, si ella hubiese estado mejor, si yo me hubiese resignado a un par de órdenes, si el tiempo nos hubiese dado la espalda, si te hubieses ido antes, y yo hubiese llegado después...
Pero, qué más da. No hay que buscarle una explicación racional a la magia, ni a lo fantástico, y mucho menos al amor.




